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webadmin 23 de diciembre de 2025 0 Comments

Gran final de fiesta amarilla contra un histórico de Asobal

El Caserío Ciudad Real cierra en el Quijote Arena un año que pasará a la historia de la entidad, nacida en 2011 tras la desaparición del histórico BM Ciudad Real y el traslado de su primer equipo a Madrid.

Fue una mañana donde todos los focos apuntaban hacia la infanta Cristina de Borbón, presente en el partido para ver jugar a su hijo, Pablo Urdangarín. El joven milita hoy en las filas del rival, el Fraikin BM Granollers, el segundo club con más ligas en la historia de la máxima categoría del balonmano español, ostentando 13 títulos.

El encuentro comenzó con Sergi Mach, el capitán, anotando tras una larga posesión con la que el equipo amarillo demostró que sería un rival difícil de batir. Cada pérdida del conjunto granollerense era vitoreada por una grada a reventar en el Quijote Arena.

El Caserío evitó las precipitaciones: movía el balón con tranquilidad, inteligencia y rigor en campo contrario, buscando espacios en la sólida defensa visitante. Cuando estos no aparecían, surgían Javier Domingo o Augusto Moreno con sus potentes lanzamientos para finalizar rápidamente la jugada.

La atención también recaía sobre Pablo Urdangarín, hijo del mítico jugador del Barça y de la selección, Iñaki Urdangarín, quien contaba con su madre observándole desde la grada quijotesca. El segundo vástago de la pareja tuvo bastante protagonismo desde el inicio, tanto con disparos como con asistencias peligrosas para sus compañeros.

Con un fabuloso 4-1 a los cinco minutos, Antonio Rama se vio obligado a pedir tiempo muerto para frenar la sangría. La reacción del equipo del Vallés Oriental no se hizo esperar y, con un parcial de 3-0, lograron empatar el encuentro.

Marcos Fis, jugador crucial en el ascenso de los culipardos el pasado verano, comenzó a cobrar importancia a partir del minuto 10. El partido se convirtió desde entonces en una lucha vertiginosa, donde la resolución de cada jugada resultaba determinante.

Fue entonces cuando apareció Víctor Morales para anotar unos tantos decisivos que devolvieron al equipo la ventaja de tres goles. Aunque el hijo del mítico Julio Fis no terminaba de tener acierto de cara a portería, el trabajo colectivo fue fundamental para que el Caserío se mantuviera por delante en el marcador.

Una nueva renta de tres goles en el minuto 25 comenzó a poner contra las cuerdas al cuadro catalán, en cuyos rostros empezaba a vislumbrarse la seriedad y cierta impotencia.

Dos goles a base de cañonazos de Gull, celebrados con absoluta intensidad, dieron paso a una exclusión de dos minutos para Juan Lumbreras. El marcador reflejaba un 13-9 a falta de tres minutos para el descanso, premio para un equipo que estaba desplegando un juego sólido, sin fisuras y de verdadero grande.

Finalmente, Javier Domingo, consciente de que la bocina estaba a punto de anunciar el intermedio, se sacó un zambombazo desde el lado derecho de las inmediaciones del área de Luka Krivokapic. Ese tanto sirvió para rubricar una primera parte de matrícula de honor, con un 16-13 que invitaba a raudales a una desbordada, aunque comedida, ilusión.

La segunda mitad arrancó con dos tantos del Granollers, contestados de inmediato por otro zambombazo del cañonero Javier Domingo. Alonso Moreno, convertido ya en el ejecutor principal de la escuadra ciudadrealeña, no falló desde los siete metros para situar nuevamente el partido a tres goles (18-15). Fue él mismo quien, con un zurdazo de bella factura, firmó el 20-16, igualando la máxima renta vista hasta el momento. Mientras tanto, bajo palos, Kostas Kotanidis iniciaba el segundo acto sosteniendo al equipo con paradas felinas.

Aprovechando que el Granollers jugaba con seis debido a la exclusión de Juan Palomino, Sergi Mach anotó en el minuto 39 un 21-16 que disipaba los miedos de quienes temían que los de Santi Urdiales se vinieran abajo. Los de la provincia de Barcelona se mostraban imprecisos en los lanzamientos, con varios remates que ni siquiera inquietaron al meta griego. Antonio Rama se vio obligado a pedir otro tiempo muerto buscando la reacción de los suyos, consciente de que el partido se les escapaba con dos tercios del choque ya disputados. Sin embargo, el Caserío se mantenía fuerte como un roble, ejecutando a la perfección jugadas de pizarra; muestra de ello fue el gol que llegó de la mano de Sergi Mach, uno de los destacados en un equipo donde todos rayaban a un nivel excelso.

A falta de un cuarto de hora llegó, posiblemente, la mejor intervención del encuentro: una parada de auténtico escándalo de Kostas, quien sacó las manos junto al palo izquierdo para negar el gol a Bruno Reguart.

Tras algunas decisiones arbitrales discutidas que favorecieron al Granollers, los visitantes lograron recortar distancias hasta colocarse a un solo tanto (21-20). Santi Urdiales solicitó tiempo muerto para no perder su ventaja, pero poco después Marcos Fis anotó el empate, dejando a la grada por primera vez con semblante serio. Fue un gol de Sergio Casares el que devolvió el mando al Caserío e insufló de nuevo la euforia en el Quijote Arena. Una exclusión por un empujón sobre Guillermo Fischer derivó en un intercambio de goles que mantuvo las espadas en todo lo alto, con la diferencia mínima en el electrónico.

Sergi Franco, el capitán granollerense e infalible especialista desde los siete metros, volvió a equilibrar el encuentro a 23 tantos. En los minutos decisivos saltó a la pista Ángel Pérez de Inestrosa para erigirse en el cerebro del equipo, ayudando con un gol nada más entrar.

Un penalti a favor del Caserío desembocó en las protestas y la tarjeta amarilla para el entrenador de los azules. Alonso, una vez más, no perdonó y puso por delante a los suyos a falta de un minuto y medio, en un final de auténtica ebullición y con un ruido ensordecedor en la grada. Un balón al palo de Sherif puso el corazón en un puño a la afición ciudadrealeña, pero, afortunadamente, el equipo amarillo logró recuperar la posesión —un robo con sabor a victoria— a falta de treinta segundos exactos para el final. Supieron retener el balón, encontrar el hueco y, tal como hizo en la primera mitad, Javier Domingo se encargó de cerrar el encuentro.

Victoria de auténtico mérito de unos chicos vitoreados como gladiadores, tras firmar posiblemente su partido más completo de la temporada y sabiendo sufrir cuando tocaba. Llega el descanso navideño y con él Papá Noel, quien, a juzgar por lo visto hoy, tiene toda la pinta de que recorrerá las casas de Ciudad Real vestido con el amarillo del Caserío.

Fuente: https://balonmanocaserio.com/caserio-noticias/